Mas allá del Hantavirus, conoce las otras zoonosis que nos amenazan

Cuando se habla de enfermedades transmitidas por animales, el hantavirus suele ocupar la mayor parte de la atención. Sin embargo, es solo una de las numerosas zoonosis que pueden estar relacionadas con la presencia de plagas urbanas. Virus, bacterias, helmintos, protozoos y otros parásitos forman parte de un conjunto de agentes capaces de afectar a las personas cuando existen condiciones favorables para su transmisión. La prevención, el mantenimiento de unas buenas condiciones higiénicas y un servicio profesional de control de plagas en Tarragona son herramientas esenciales para reducir estos riesgos antes de que se conviertan en un problema sanitario.

El hantavirus es solo una parte del problema

El hantavirus es una enfermedad vírica que se asocia principalmente a la inhalación de partículas contaminadas procedentes de excrementos, orina o saliva de determinados roedores. Su gravedad ha contribuido a que sea una de las zoonosis más conocidas, pero no es la única enfermedad vírica vinculada a estos animales.

Los estudios científicos también han identificado la hepatitis E de la rata (ratHEV), provocada por Rocahepevirus ratti, un virus diferente al que habitualmente produce hepatitis E en humanos. Aunque se trata de una infección poco frecuente, demuestra que todavía existen patógenos emergentes cuya vigilancia resulta necesaria.

Dentro del grupo de los virus también encontramos diferentes arenavirus y ortopoxvirus, capaces de utilizar pequeños mamíferos como reservorio natural. No todos presentan la misma distribución geográfica ni el mismo impacto sanitario, pero ponen de manifiesto que la diversidad de virus asociados a las plagas urbanas es mucho mayor de lo que suele imaginarse.

La presencia de un roedor no implica necesariamente la existencia de una enfermedad, pero cuanto mayor es la población y más prolongada la infestación, mayores son las oportunidades para que aparezcan riesgos de exposición.

Bacterias, helmintos y protozoos que también merecen atención

Las bacterias constituyen otro grupo importante de agentes causales de zoonosis. La leptospirosis, producida por bacterias del género Leptospira, es probablemente la más conocida por su relación con la orina de roedores y con ambientes húmedos contaminados. Dependiendo de la exposición y del estado de salud de la persona, puede provocar cuadros clínicos de diferente gravedad.

Otra enfermedad bacteriana relevante es la tularemia, cuyo agente causal es Francisella tularensis. Aunque suele relacionarse con fauna silvestre, también recuerda que diferentes especies animales pueden participar en la transmisión de enfermedades infecciosas.

A esta lista se suma la bartonelosis, causada por bacterias del género Bartonella. En este caso, algunos ectoparásitos asociados a roedores pueden intervenir en la transmisión, demostrando que el problema no siempre reside únicamente en el animal visible, sino también en los organismos que viven sobre él.

Las zoonosis no se limitan a virus y bacterias. Entre los nematodos destaca la angiostrongiliasis, causada por Angiostrongylus cantonensis, un parásito cuyo ciclo de transmisión implica diferentes hospedadores. También existen diversas helmintiasis intestinales relacionadas con especies como Hymenolepis o Moniliformis, capaces de afectar al aparato digestivo cuando se producen determinadas circunstancias de exposición.

Los protozoos representan otro grupo especialmente relevante desde el punto de vista de la salud pública. Microorganismos como Giardia, Cryptosporidium y Blastocystis pueden provocar alteraciones gastrointestinales y contaminar agua, alimentos o superficies si las condiciones higiénicas no son adecuadas. Aunque sus mecanismos de transmisión son variados, todos ellos evidencian la importancia de mantener unas instalaciones correctamente protegidas frente a la presencia de plagas.

Los vectores también forman parte de la cadena de transmisión

No todas las zoonosis se transmiten por contacto directo con un animal. Algunas necesitan la participación de un vector que transporte el agente infeccioso entre distintos hospedadores. Uno de los ejemplos más conocidos es la leishmaniosis, causada por Leishmania infantum y transmitida por flebótomos.

Este tipo de enfermedades demuestra que la gestión sanitaria debe contemplar tanto los reservorios animales como los insectos que pueden intervenir en la transmisión. Del mismo modo, pulgas, garrapatas y otros artrópodos asociados a determinadas plagas urbanas pueden favorecer la circulación de microorganismos patógenos si no se mantienen bajo control.

Reducir la presencia de vectores y reservorios significa disminuir las oportunidades de transmisión, rompiendo la cadena epidemiológica antes de que llegue a afectar a las personas. Este enfoque preventivo constituye uno de los pilares del control moderno de plagas.

La prevención reduce los riesgos antes de que aparezcan

El objetivo de un servicio profesional no consiste únicamente en retirar animales visibles. La verdadera eficacia reside en identificar las causas que favorecen su presencia, corregirlas y aplicar medidas adaptadas a cada instalación para minimizar futuras infestaciones. La gestión de residuos, el sellado de accesos, la eliminación de refugios y el seguimiento periódico forman parte de una estrategia preventiva mucho más eficaz que cualquier actuación puntual.

Además, determinadas especies urbanas pueden favorecer la contaminación de alimentos, almacenes, locales comerciales, comunidades de propietarios o instalaciones industriales. Por ello, actuar con rapidez cuando aparecen los primeros indicios resulta fundamental para evitar que la población aumente y con ella también el riesgo sanitario.

En muchas intervenciones, uno de los primeros objetivos consiste en eliminar cucarachas y roedores, ya que ambos grupos representan algunos de los vectores y reservorios más habituales en el entorno urbano. Aunque no todas las infestaciones implican la presencia de patógenos, reducir su población disminuye considerablemente las posibilidades de exposición a microorganismos capaces de provocar enfermedades.

LLÁMANOS AL 690 87 36 85

En una provincia como Tarragona, donde conviven áreas residenciales, industriales, agrícolas y espacios naturales, comprender que el hantavirus es solo una de las muchas zoonosis existentes permite valorar la importancia de una prevención continua. Mantener las plagas bajo control no solo protege edificios o alimentos, sino que también constituye una medida eficaz para reducir la exposición a virus, bacterias, parásitos y protozoos que, aunque muchas veces pasan desapercibidos, forman parte de los riesgos asociados a la convivencia con determinadas especies urbanas.